sábado, 6 de junio de 2009

enaмorada y confυѕa


Las diez. Nada más la aguja de los minutos se posó sobre las doce, una suave llamada a la puerta. Eran ellas. Entraron silenciosamente las dos chicas, llevando tras de sí una extraña figura envuelta en una gran capa negra. Con la cabeza agachada, era imposible verle el rostro. Posiblemente llevaba las manos atadas. Su presencia me despertaba una cierta inquietud y tranquilidad. Que extraño era todo. Loona, la “rubia despampanante” , merecía ese sobrenombre sin duda alguna. Una cara perfecta, con sus carnosos labios pintados de rojo intenso, unos grandes y misteriosos ojos azules, una reluciente mata de pelo, grácilmente ondulada, le caía en cascada sobre su espalda y en su pecho voluminoso y perfecto. Unas piernas preciosas, que se dejaban ver de vez en cuando por la amplia raja que tenía la falda de su vestido. Un vestido largo rojo, con el detalle de las cuerdas que formaban un corsé en negro. Y destellos en su cara y en sus orejas, delataban todos los piercings que llevaba. Me quedaba en éxtasis observando aquella perfección casi mágica. Cerré la boca para mirar a su compañera. Una estudiante de secundaria? Valla… Eso parecía. Con su inocente rostro algo asustado, saludaba a Luís de buena gana. Vestía de manga larga y con guantes, a pesar de hacer calor. Su corte de pelo irregular hacia que uno de sus ojos quedase tapado por un flequillo de color oscuro. Susurró algo a Luís y entro en la sala del baño. Me presentó a Loona, muy amable y simpática, la cual denotaba un cierto aire de superioridad y una gran confianza en si misma. Que labios… Ella sentó al tercer y macabro acompañante en una silla al fondo, apartada de la mesa. Creo que le dijo algo. Después dispuso velas de diferentes alturas y grosores por todo el salón. Velas rojas. Y una gran vela negra debajo del espejo, el casi derruido espejo. Al poco, volvió Noah, y ya supe a que se debía tanta ropa, ya que al dejarse solo una camiseta corta de rejillas, y un short, pude ver todos sus tatuajes. Era asombroso. A través de la rejilla que cubría su cuerpecito de adolescente, se veían tatuajes de formas extrañas, como de runas antiguas. Pero la tinta de sus extremidades era diferente, eran dibujos como de cicatrices que hubieran sido cosidas por algún cirujano loco. Y en su cuello, otro tatuaje de cicatriz hacían de Noah la princesa degollada. La saludé y los cuatro nos sentamos en la mesa redonda, dejando a un lado al quinto integrante. Nos miramos todos unos instantes, hasta que empezó un extraño diálogo entre Loona y Luís.
-Parece que por fin está todo listo. ¿Empezamos?
-Bueno, Loona, me estado preguntando, si no habrá ningún percance durante…
- Ni hablar! He estado repasándolo todo meticulosamente. No hay cabida para el error.
-Y será igual? Quiero decir, será como antes? Será ELLA?
-Sí. Otro recipiente…con… digamos… el mismo contenido. Exactamente el mismo contenido.
-Jajaja, que buena eres!
-Eso sí, todo debe hacerse según el itinerario… Un solo error… Y no sé lo que le podría pasar.
Mientras hablaban de cosas que para mí nada significaban, la otra chica, con la cabeza agachada, no dejaba de observarme con el ojo que le quedaba al descubierto. Que mal royo me daban estas dos.